
La más corta, la más antigua y una isla compartida: 6 ejemplos que hacen de España uno de los países con las fronteras más peculiares del mundo. Fuente de la imagen, | Daniel Arce-Lopez Las fronteras suelen ser lugares singulares, complejos y, a veces, sorprendentes. En casos como el de España, su pasado envuelto en multitud de conflictos ha generado muchas veces límites inverosímiles. Si alguien pregunta hoy en día por las fronteras españolas, las respuestas seguramente apunten primero a los límites claros con Francia y Portugal. Pero lo cierto es que España linda con cinco países diferentes, incluidos Andorra, Reino Unido y Marruecos, y mantiene un mosaico fronterizo lleno de rarezas. Sus fronteras abarcan desde las altas montañas de los Pirineos en el norte hasta enclaves africanos en el sur. Desde la más antigua de Europa hasta el tramo fronterizo más corto del mundo, pasando por una isla que cambia de bandera cada seis meses. Aquí repasamos este entramado de historias, tratados y anécdotas que hacen de España uno de los países con las fronteras más peculiares del mundo. Fuente de la imagen, Getty Images En un continente tan conflictivo y cambiante a lo largo de su historia como Europa, sin duda parece una quimera encontrar una frontera que haya permanecido estable durante siglos. Por eso, la línea geográfica que separa España y Portugal merece una mención especial. Todas las noticias que necesitas están en World Service La frontera que divide la Península Ibérica es conocida como "La Raya" -A Raia en portugués- y tiene más de 1.200 kilómetros de longitud. Pero no solo es una de las fronteras más largas de Europa, sino que es considerada ampliamente como la más antigua del continente. Los reinos de Castilla y de Portugal trazaron ya las bases de "La Raya" entre 1267, con el Tratado de Badajoz, y 1297, con el Tratado de Alcañices. Aunque la cartografía medieval no permitía establecer una delimitación tan precisa como hoy en día, estos tratados fijaron las bases jurídicas que sirvieron para ajustar la frontera durante los siguientes siglos. Aunque siempre hubo puntos de la frontera inamovibles -como los ríos Miño y Guadiana-, durante la Edad Moderna hubo varios intentos por pulir algunas irregularidades que había dejado la primera delimitación. Y no fue hasta 1926 cuando se oficializó el trazado de la frontera actual entre España y Portugal con la firma del Convenio de Límites. La cordillera de los Pirineos casi a la perfección el fin de la Península Ibérica y el comienzo de Francia. Un límite también histórico, pero que incluye dos de los puntos fronterizos más curiosos de toda Europa. El primero reside en pleno corazón de los Pirineos. Se trata de Llívia, un municipio español que está completamente rodeado por Francia. Esta localidad pertenece a la provincia catalana de Girona, y participa con normalidad en las elecciones y la administración españolas. El origen de este enclave se remonta a hace más de 300 años y tiene una historia, sin duda, muy curiosa. En 1659, España y Francia firmaron el Tratado de los Pirineos tras varias décadas de guerras. El acuerdo supuso que España cediera varios territorios, incluidos algunos en la región pirenaica de la Cerdaña. En aquel momento, Llívia no era considerado un pueblo, sino una villa, un título concedido más de un siglo antes por el rey Carlos I.