
Honduras llega a mitad del experimento para exprimir agua a las nubes. La siembra de nubes alcanza ocho departamentos y apunta al Corredor Seco, mientras los técnicos comparan cuánta lluvia cayó tras las intervenciones Honduras completó 10 de los 20 vuelos previstos para estimular las lluvias, mientras técnicos evalúan los resultados de la siembra de nubes. – Foto cortesía y rediseño con IA. Honduras ya recorrió la mitad del camino de una apuesta poco habitual para enfrentar la falta de agua: buscar en las nubes la lluvia que la sequía le negó a buena parte del territorio. El Programa de Siembra de Nubes completó 10 de los 20 vuelos previstos para estimular las precipitaciones, principalmente en áreas golpeadas por el déficit de lluvias. En esas operaciones se dispersaron aproximadamente 1,000 litros de yoduro de plata. Ese es el compuesto que usan para favorecer la precipitación cuando las nubes presentan las condiciones necesarias. Pero llegar a la mitad del programa abre ahora una pregunta más importante que el número de vuelos: ¿está cayendo más agua gracias a la intervención? De interés: Siembra de nubes en Honduras genera preocupación en El Salvador: este es el motivo Las operaciones alcanzaron sectores de Francisco Morazán, Comayagua, Choluteca, Valle, La Paz, Intibucá, Lempira y Yoro. Entre las áreas intervenidas aparecen Valle de Ángeles, Villa de San Francisco y Talanga, además de La Libertad y Comayagua. También se incluyen sectores próximos a la represa El Cajón y localidades del sur como Nacaome, San Lorenzo y San Marcos de Colón. La cobertura proyectada ronda entre 1.8 y 2.3 millones de hectáreas, con especial atención al Corredor Seco. Pero hay otras áreas donde la escasez de precipitaciones golpea la agricultura, la ganadería y las reservas de agua. La Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG) dijo el 3 de octubre que, después de ocho vuelos, se utilizaron unos 800 litros de yoduro de plata. Tres días después, el programa alcanzó las 10 operaciones y aproximadamente 1,000 litros dispersados. Pese a su nombre, la siembra de nubes no permite colocar una aeronave en el cielo y producir lluvia donde no existe nubosidad. El procedimiento depende precisamente de que haya nubes con características adecuadas. Los especialistas monitorean factores como humedad, temperatura y nubosidad antes de decidir cuándo y dónde puede realizarse cada vuelo. El yoduro de plata se introduce en esas formaciones para favorecer procesos físicos que faciliten la formación de gotas y, bajo condiciones apropiadas, incrementar la precipitación. Por eso los 10 vuelos restantes no tienen un calendario rígido, su ejecución dependerá del comportamiento atmosférico y de encontrar nubes aptas para ser estimuladas. Las precipitaciones registradas después de algunos vuelos ofrecen señales que ahora deberán pasar por una prueba más difícil: separar lo que habría llovido naturalmente de cualquier incremento producido por la siembra de nubes. Francisco Argeñal, jefe del Centro Nacional de Estudios Atmosféricos, Oceanográficos y Sísmicos (Cenaos), explicó que en algunos puntos las intervenciones coincidieron con lluvias y en otros las cantidades fueron menores. Cenaos analiza registros de pluviómetros e imágenes satelitales y compara las zonas intervenidas con lugares donde no se realizó estimulación. La intención es establecer si existe una diferencia significativa en los acumulados de lluvia y cuánto podría atribuirse al procedimiento. Eso significa que la presencia de lluvia después del paso de la aeronave no basta por sí sola para demostrar la efectividad del programa. En el terreno, entretanto, las lluvias tienen un significado menos técnico, los productores de San Antonio de Flores, Choluteca, reportaron precipitaciones después de unos 10 meses de sequía.