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China busca poner fin a la guerra con Irán, pero no como Trump quiere

China busca poner fin a la guerra con Irán, pero no como Trump quiere. Fuente de la imagen, / Getty Images Días antes de la trascendental visita a EE.UU. que el presidente chino, Xi Jinping, inició este miércoles, el gobierno Pekín recibió al ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, lo que fue un recordatorio de su influencia sobre Teherán. Se prevé que la guerra con Irán sea uno de los temas principales de la reunión entre Trump y Xi este jueves. China ha mantenido una postura coherente desde que comenzó la guerra con Irán hace siete meses. Condenó los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán, así como las sanciones impuestas por Washington contra Teherán. Al mismo tiempo, ha pedido reiteradamente el fin de la guerra y, en particular, la reapertura del estrecho de Ormuz. Gracias a sus enormes reservas de petróleo y a su estrategia de diversificación energética, China afronta bien hasta el momento el impacto de la guerra con Irán. Pekín puede mantener esta situación durante más tiempo, pero los costes económicos no harán más que aumentar, dice Andrea Ghiselli, experta en China y Medio Oriente de la Universidad de Exeter. Sin embargo, advierte que China tendrá que equilibrar su interés en que termine la guerra con otras prioridades geopolíticas. "China no quiere que el conflicto se convierta en un motivo de fricción en las relaciones con Estados Unidos", asegura. Sin embargo, "no socavará los intereses y demandas fundamentales de Irán", añade Ghiselli. "Irán y China están generalmente alineados y consideran que las acciones agresivas de Estados Unidos e Israel son la razón por la que estalló este conflicto y aún continúa", explica. Todas las noticias que necesitas están en World Service Como consumidora de energía, China se ve "perjudicada por la continuación" de la guerra, afirma Hamidreza Azizi, del International Crisis Group. El petróleo representa aproximadamente una quinta parte del consumo total de energía de China, pero más del 70% de ese petróleo es importado, según un informe de 2025 de la Administración de Información Energética de Estados Unidos. Con aproximadamente 1,4 millones de barriles diarios, el petróleo iraní representó apenas el 12% de las importaciones chinas de crudo el año pasado, una cifra muy por debajo del 42% que aportó el resto del Medio Oriente. China logró sustituir parte del petróleo procedente de Irán y otros productores del Golfo con suministros de Rusia, Brasil y otros exportadores. Sin embargo, sustituir el gas que compra en la región sería considerablemente más difícil. Las enormes reservas de petróleo de China ayudan al país a absorber el impacto energético provocado por la guerra. El tamaño de sus reservas sigue siendo un secreto de Estado, pero las estimaciones oscilan entre 1.000 y 1.400 millones de barriles en 2025. "Si China hubiera comenzado la guerra con alrededor de 1.400 millones de barriles almacenados, esto cubriría 254 días de importaciones procedentes del Medio Oriente al nivel de 2025", afirma Erica Downs, investigadora de la política energética china en la Universidad de Columbia, en Estados Unidos. Es probable que las reservas de petróleo de China duren aún más, ya que algunas importaciones siguen llegando desde el Medio Oriente a pesar de la guerra, indica Downs. Sin embargo, el columnista especializado en materias primas Clyde Russell, del servicio asiático de la agencia, advierte que China ha tenido que recurrir a sus reservas de petróleo en tres de los últimos cuatro meses, incluido agosto. "Es probable que Pekín prefiera dejar de recurrir a sus reservas cuanto antes, por lo que cuenta con un margen de seguridad considerable", dice Downs. Y si los hutíes, respaldados por Irán, intensifican sus ataques contra Arabia Saudita y refuerzan su control sobre el estrecho de Bab El Mandeb, el mercado energético mundial podría volverse aún más volátil. Los problemas económicos derivados de la guerra con Irán podrían incluso desencadenar una crisis económica mundial, lo que sería una mala noticia para la economía china, orientada a la exportación. Desde 2019, el crecimiento económico de China se ha ralentizado. La segunda economía más grande del mundo se enfrenta a una crisis inmobiliaria, tensiones comerciales con Occidente y un aumento de la deuda de los gobiernos locales. Como consecuencia de ello, las exportaciones netas representaron el año pasado 32,7% del crecimiento del PIB de China, el nivel más alto desde 1997, según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, con sede en Washington. Dado que el consumo interno se mantiene estancado, las exportaciones son el principal motor del crecimiento económico.

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