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“Mitbestimmung”: cómo Alemania obliga a las grandes empresas a dar voz a los trabajadores en la toma de decisiones (y qué impacto tiene en la economía)

�Mitbestimmung”: cómo Alemania obliga a las grandes empresas a dar voz a los trabajadores en la toma de decisiones (y qué impacto tiene en la economía). Fuente de la imagen, Getty Images La escena puede resultar inusual en muchos países: un grupo númeroso de empleados participando en una reunión de la dirección de una empresa en la que se toman decisiones cruciales sobre el rumbo de la compañía. Pero no es nada raro en Alemania, la nación considerada el motor económico de Europa. Mientras varias partes del mundo aún se debate sobre la voz que tienen —o deberían tener— los trabajadores en el gobierno de una compañía, los alemanes parecen tenerlo claro desde mediados del siglo pasado. E incluso poseen una palabra para ello: Mitbestimmung ("cogestión", en español). Allí, los trabajadores tienen derecho a opinar sobre quiénes deben dirigir una compañía y qué rumbo tomar en el largo plazo. La ley alemana obliga a las empresas públicas y privadas con más de 2.000 empleados a que concedan a la plantilla la mitad de los asientos en el llamado Consejo de Vigilancia (Aufsichtsrat). El 50% por parte de fuerza laboral lo componen obreros y trabajadores administrativos, representantes de los sindicatos y empleados con puestos ejecutivos, quienes para sumarse al cuerpo deben ser escogidos por votación directa. El otro 50% corresponde a los accionistas. En este sistema de participación no se deja nada al azar. Las cuatro sesiones anuales que celebra este comité deben ser convocadas con un año de antelación. Y si surge algo extraordinario como la adquisición de otra firma, una crisis interna o la destitución de un directivo, se suman más reuniones. Volkswagen, el grupo Mercedes-Benz o el Deutsche Bank son ejemplos de grandes compañías con la mitad de trabajadores en su Consejo de Vigilancia. Todas las noticias que necesitas están en World Service "La representación de los empleados en los consejos de administración es claramente una política progresista", le comenta a Mundo Claudia De Meulemeester, experta en gobierno corporativo basada en Reino Unido. "Sin embargo, los sindicatos también tienden a resistirse a los cambios cuando estos tienen un impacto significativo en la plantilla. Esto a veces puede demorar las transformaciones corporativas, dado que siempre es necesario negociar concesiones", añade. En efecto, la cogestión está diseñada para que evitar votaciones divididas y la mayor parte de las negociaciones tienen lugar antes de la propia reunión del Consejo de Vigilancia; normalmente, los trabajadores por un lado y los accionistas por otro. Los encuentros previos por partes (Vorbesprechungen), que son informales, son una pieza clave de lo que sucede. El objetivo es que todos se sienten a la mesa y lleguen a un acuerdo. Por eso es frecuente que las partes hagan concesiones. Por ejemplo, los trabajadores pueden aceptar una reestructuración a cambio de compromisos de inversión en determinadas plantas o garantías de mantener el empleo durante un número acordado de años. Que el presidente del Consejo de Vigilancia tenga que usar su voto doble —como le permiten las reglas— es poco común y normalmente se interpreta como una señal de que hay un conflicto serio. Fuente de la imagen, Getty Images Una idea de este estilo parece ajena a los principios del capitalismo clásico o duro, en el que se plantea que los beneficios de la producción deben recaer en el empresario o los inversores, dado que son ellos los que arriesgan su capital y, como consecuencia son solo ellos los que pueden decidir sobre el rumbo de la compañía. Según esta línea de pensamiento, el consejo de administración o directorio de una compañía solo debe representar a los accionistas. "Esta es la visión predominante del capitalismo en EE.UU. y Reino Unido, pero no en otros países, donde se espera que las empresas operen en beneficio de un grupo más amplio de partes interesadas, incluyendo los clientes, la comunidad y los trabajadores, además de los accionistas", le dice a Mundo Lionel Fulton, investigador del think tank Departamento de Investigación Laboral, en Londres. También es cierto que, en EE.UU., Reino Unido o la mayoría del mundo anglosajón, el sistema de control de las empresas es único —un solo órgano decide todo—, mientras que en países como Alemania, Francia, Austria, Países Bajos y algunas naciones de Europa del Este el modelo es dual. En el sistema dual hay un órgano ejecutivo a cargo de gestionar el día a día de la compañía (el directorio) que coexiste con el mencionado Consejo de Vigilancia, cuya función es supervisar las actividades de la empresa con amplios poderes: puede nombrar y destituir a los directivos, y aprueba las cuentas anuales y decisiones estratégicas como grandes inversiones y fusiones.

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