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Regresar no era el plan: la hondureña que volvió para empezar otra vez

Regresar no era el plan: la hondureña que volvió para empezar otra vez. Volvió preguntándose si había sido cobarde. Después estudió en Oxford, recorrió varios países y encontró en Honduras otra oportunidad. Regresar no era el plan: la hondureña que tuvo que empezar otra vez – “Participar en estos espacios me permitió no solo mejorar mis habilidades, sino también alzar la voz y ser parte del cambio”, expresa Glena sonriente. Foto: OIM/Jeiny Caballero. Glena salió de Tegucigalpa una madrugada de 2019 creyendo que caminar rodeada de cientos de migrantes podía hacer menos peligroso el camino. Regresó antes de llegar a su destino preguntándose algo mucho más duro: “¿soy cobarde por regresar a Honduras?”. No podía saber entonces que aquella decisión que sintió como una derrota terminaría empujándola hacia una maestría, una especialización en la Universidad de Oxford y viajes por varios continentes. Pero para llegar hasta allí primero tuvo que hacer algo que nunca estuvo en sus planes: volver y empezar otra vez. De interés: Millones, pero dispersos: hondureños en EE. UU. buscan unir su fuerza Glena ya conocía la migración desde mucho antes de aquella madrugada, la primera vez emprendió el camino junto a su madre. Transcurrieron 17 años sin volver a verla, según su testimonio que reveló la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). En 2019 la hondureña decidió intentarlo nuevamente y en redes sociales y grupos de chat circuló una idea que pesó en su decisión: viajar en caravana sería más seguro. Tomó sus pertenencias, una botella de agua y salió de Honduras convencida de que aquella vez sí alcanzaría su destino. Al principio, caminar entre tantas personas le produjo cierta tranquilidad, a su alrededor escuchó conversaciones sobre supuestos trabajos que tenían para los migrantes. Pero conforme avanzó la caravana, aquella sensación comenzó a desaparecer y Glena asegura que presenció robos de documentos, extorsiones y amenazas de grupos armados. También encontró organizaciones que intentaron convencer a los integrantes de la caravana de reconsiderar la decisión de continuar. Ella terminó haciendo sus propios cálculos. “Había un 50% de probabilidad que me secuestraran y el otro 50% de que sí llegara a México”. Entonces lloró, respiró y tomó la decisión de regresar. Dar la vuelta significó volver al mismo país del que decidió marcharse. Y Glena lo hizo cargando una pregunta que revela cómo vivió aquel momento: “¿Soy cobarde por regresar a Honduras?” Años después interpretaría aquella decisión de otra manera, renunció a continuar por una ruta en la que percibía que podía perder mucho más que la posibilidad de llegar a México. El retorno a Honduras, sin embargo, tampoco solucionó automáticamente su futuro. De nuevo en Tegucigalpa comenzó a observar una realidad que conocían muchas personas de su entorno: amistades y conocidos podían pasar meses e incluso años buscando empleo. Al mismo tiempo aparecían ofertas laborales que parecían demasiado buenas para ser ciertas, pero Glena necesitaba encontrar otra ruta y esta vez no atravesaría fronteras. La hondureña estudió Derecho e Ingeniería Industrial y encontró en el voluntariado una manera de fortalecer habilidades que luego resultarían decisivas.

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